Caso Emilio Ramírez

Emilio habla y juega con el mismo

Emilio ronda la edad de 4 años. Vive rodeado del amor de su madre y sus abuelos, sin embargo, su mamá expresa que desde que Emilio está en su vientre ha tenido la desdicha de vivir situaciones que han afectado su estabilidad emocional. Ella sufre de epilepsia y depresión, la misma que se agudizó durante su periodo de gestación. Según relata, fue víctima de violencia psicológica, bullying, cyberacoso y persecución, todo ello en silencio por temor a represalias, los que concluyeron en una depresión mayor. Durante el nacimiento de Emilio,se presentaron conflictos intrafamiliares y muy pronto surgió otra situación de alarma en la familia: desde que el niño cumplió los 2 añitos notaron que algo no estaba bien. Emilio no hablaba, solo balbuceaba. No lograba relacionarse con el entorno y gustaba de estar siempre solo, por lo que le realizaron varias pruebas y le diagnosticaron Trastorno de Espectro Autista (TEA). A pesar de ello, su madre tiene la fe y esperanza de que su pequeño pueda potenciar las habilidades de hablar y relacionarse con otros niños. Sobre todo, desea comprender cómo se siente, pues cuando Emilio se enferma o padece alguna dolencia, no sabe expresarlo, y ella no puede saber dónde le duele, ni qué está sintiendo. Aquello que es tan común en otros niños, su mamá anhela observar en su pequeño hijo, ese es su mayor grande sueño. En la actualidad, muchos niños, niñas y adolescentes presentan casos similares con distintos niveles complejidad para realizar actividades cotidianas y, con la terapia, acompañamiento y estimulación adecuados, es posible contribuir a mejorar aspectos que potencialicen las habilidades desde edades tempranas, mejorando su calidad de vida. Tu contribución puede darles la oportunidad de desarrollar y alcanzar una niñez y adolescencia plena y feliz en conjunto con amigos, familiares y seres queridos. ¡Juntos podemos!

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